Monthly Archives: Desembre 2014

Imatge

Start a Garden

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Anuncis

Regresando al futuro. Orduña hacia la Soberania Alimentaria

Las uvas de la ira. La gran depresión (ii)

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Los tractores vinieron por las carreteras hasta llegar a los campos, igual que orugas, como insectos, con la fuerza increíble de los insectos. Reptaron sobre la tierra, abriendo camino, avanzando por sus huellas, volviendo a pasar sobre ellas. Tractores Diesel que parecían no servir para nada mientras estaban en reposo y tronaban al moverse, para estabilizarse después en un ronroneo. Monstruos de nariz chata que levantaban el polvo revolviéndolo con el hocico, recorrían en línea recta el campo, atravesándolo, a través de las cercas y de los portones, cayendo y saliendo de los barrancos sin modificar la dirección. No corrían sobre el suelo, sino sobre sus propias huellas, sin hacer caso de las colinas, los barrancos, los arroyos, las cercas, ni las casas.

El hombre sentado en el asiento de hierro no parecía humano: con guantes, gafas, una máscara de goma sobre la nariz y la boca para protegerse del polvo, no era más que una parte del monstruo, un robot sentado. El trueno de los cilindros retumbaba por los campos hasta ser uno con el aire y la tierra, de modo que éstos murmuraban con vibraciones simpáticas. El conductor no podía controlarlo; atravesaba el campo en derechura invadiendo una docena de fincas y regresando en línea recta. Un giro de los mandos podría desviar la oruga, pero las manos del conductor no podían darles el giro porque el monstruo que había construido el tractor, que le había mandado salir se había introducido de alguna manera en las manos del conductor, en su cerebro y en sus músculos, le había puesto gafas y amordazado, unas gafas en la mente y la percepción, una mordaza en el habla y la protesta. No podía ver la tierra tal como era, ni olerla tal como olía, no podía pisar los terrones o sentir el calor y la fuerza de la tierra. Sentado en un asiento de hierro pisaba pedales de hierro. No podía aclamar, golpear, maldecir ni animar a esa extensión de su poder y por eso mismo tampoco podía aclamarse, golpearse, maldecirse o animarse a sí mismo. No conocía la tierra, no la poseía, no confiaba en ella ni le imploraba. No tenía la menor importancia que una semilla plantada no germinase. El que la joven planta pugnando por crecer se agostara en la sequía o se ahogara en una lluvia torrencial le era tan indiferente al conductor como al tractor.

No sentía más cariño por la tierra que el que pudiera sentir el banco. Podía admirar el tractor: sus superficies de máquina, sus oleadas de potencia, el rugido de sus cilindros detonantes; pero el tractor no era suyo. Tras el tractor rodaban los discos brillantes que cortaban la tierra con las cuchillas; aquello no era arar, sino una especie de cirugía: la tierra extraída era empujada hacia la derecha, donde la segunda fila de discos la deshacía y la volvía a empujar a la izquierda; cuchillas cortantes que brillaban pulidas por la tierra lacerada. Y, arrastrados tras los discos, llegaban las gradas con sus peines de hierro, deshaciendo los terrones hasta que la tierra quedaba nivelada. Después de las gradas entraban en escena las grandes sembradoras, doce penes curvos de hierro, erectos en la fundición, cuyos orgasmos los producían los engranajes, que iban violando la tierra metódicamente, sin pasión. El conductor sentado en su silla de hierro se enorgullecía de la rectitud de las líneas que no se hacían por disposición suya, del tractor que ni poseía ni amaba, de ese poder que no estaba bajo su control. Y cuando aquella cosecha crecía y luego se segaba ningún hombre había desmigajado un terrón caliente con sus manos dejando la tierra cribarse entre las puntas de los dedos; ninguno había palpado la semilla ni anhelado que ésta germinase. Los hombres comían algo que no habían cultivado y no había conexión entre ellos y el pan. La tierra daba frutos sometidos al hierro y bajo el hierro moría gradualmente; porque no había para ella ni amor ni odio, y no se le ofrecían oraciones si se le echaban maldiciones.

Al mediodía, el conductor del tractor paraba a veces cerca de la casa de uno de los arrendatarios y sacaba su almuerzo: bocadillos envueltos en papel encerado, pan blanco, escabeche, queso, fiambre, un trozo de pastel marcado como una pieza de motor. Comía sin entusiasmo. Y los arrendatarios que aún no se habían marchado salían para observarlo, miraban con curiosidad cómo se quitaba las gafas y la máscara de goma, y contemplaban los círculos blancos que iban quedando en su rostro alrededor de los ojos y de la nariz y la boca. El tubo de escape del tractor seguía arrojando nubecillas de humo, ya que el carburante era tan barato que resultaba más práctico dejar el motor encendido que tener que volver a calentarlo al reanudar el trabajo. Cerca se apiñaban niños curiosos y harapientos que comían masa frita al tiempo que miraban. Contemplaban con ansia cómo el hombre desenvolvía bocadillos y con el olfato aguzado por el hambre olían el escabeche, el queso, el fiambre. No se dirigían al conductor. Seguían con la vista la mano que se llevaba comida a la boca. No le miraban masticar, sino que los ojos seguían a la mano que sostenía el bocadillo. Después de un rato, el arrendatario que no había podido marcharse, salía y se acuclillaba a la sombra, junto al tractor.

—Pues ¿no eres tú el hijo de Joe Davis?

—Sí que lo soy —respondió el conductor.

—Y ¿cómo te dedicas a este trabajo, yendo contra tu propia gente?

—Porque son tres dólares por día. Me harté de suplicar para comer y de no conseguir nada. Tengo mujer y niños. Tenemos que comer. Son tres dólares por día y es algo seguro.

—Eso es verdad —replicó el arrendatario—. Pero para que tú ganes tres dólares por día, quince o veinte familias se quedan sin comer. Casi cien personas tienen que salir y vagabundear por las carreteras por tus tres dólares diarios. ¿O no?

—Yo no puedo pensar en eso —replicó el conductor—. Tengo que pensar en mis propios hijos. Tres dólares diarios, un día detrás de otro. ¿No sabe usted que los tiempos están cambiando? Ya no se puede vivir de la tierra a menos que se tengan dos mil, cinco mil, diez mil acres y un tractor. La tierra de labor ya no es para campesinos como nosotros. Usted no se revuelve ni se queja por no poder hacer Fords o por no ser la compañía telefónica. Pues mire, ahora pasa lo mismo con las cosechas, y no hay nada que hacer. Intente trabajar en algún sitio por tres dólares diarios. Es la única solución.

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El arrendatario comentó, pensativo:

—Es curioso. Si un hombre tiene una pequeña propiedad, esa propiedad se transforma en él, en una parte de él y es como él. Si es dueño de una propiedad, aunque sólo sea para poder andar por ella, trabajarla, apenarse cuando no marcha bien y estar contento cuando la lluvia caiga sobre ella, esa propiedad es él y, de alguna manera, él es más grande porque la posee. Incluso si las cosas no le van bien, él tiene la grandeza que le da su propiedad. Es así. —Y siguió cavilando: —Pero cuando un hombre tiene una propiedad que no ve, que no puede tocar con los dedos porque le falta tiempo, ni pisar porque no está allí, entonces, la propiedad es el hombre. Él no puede ni hacer ni pensar lo que desea. La propiedad se apodera del hombre por ser más fuerte que él. Y él ya no es grande, sino pequeño. Tan sólo sus propiedades son grandes y él se convierte en el servidor de su propiedad. Esto es lo cierto, también.

El conductor masticó el pastel marcado y arrojó la masa.

—¿No se da cuenta de que los tiempos han cambiado? Filosofando así no conseguirá alimentar a los niños. Eso sólo se hace ganando tres dólares diarios. Los hijos de los demás no deberían preocuparle, ocúpese de los suyos propios. Si se hace una reputación por hablar de esa forma, nadie le pagará los tres dólares. Los que tienen la pasta no le contratarán si anda por ahí pensando en otras cosas aparte de en sus tres dólares.

—Por tus tres dólares hay cerca de cien personas en la carretera. ¿Dónde vamos a ir?

—Eso me recuerda —dijo el conductor— que más le vale irse pronto. Después de comer voy a entrar en su patio.

—Esta mañana cegaste el pozo.

—Ya lo sé. Tenía que seguir en línea recta. Pero después de comer voy a entrar en el patio. Tengo que ir siempre en línea recta. Además, … bueno, usted conoce a Joe Davis, a mi viejo, así que le voy a decir una cosa. Mis órdenes son que cuando encuentro una familia que no se ha marchado, si tengo un accidente, ya sabe, me acerco demasiado y hundo un poco la casa, me puedo sacar un par de dólares. Y mi hijo menor no ha tenido nunca un par de zapatos… aún.

—La levanté con mis propias manos. Enderecé clavos viejos para colocar el revestimiento. Los pares del tejado están atados a los travesaños con alambre de embalar. Es mía. Yo la construí. Atrévete a chocar contra ella, yo estaré en la ventana con el rifle. Que se te ocurra siquiera acercarte de más y te dejo seco como a un conejo.

—No soy yo. Yo no puedo hacer nada. Pierdo el empleo si no sigo órdenes. Y, mire, suponga que me mata, simplemente a usted lo cuelgan, pero mucho antes de que le cuelguen habrá otro tipo en el tractor y él echará la casa abajo. Comete usted un error si me mata a mí.

—Eso es verdad —dijo el arrendatario—. ¿Quién te ha dado las órdenes? Iré a por él. Es a ése a quien debo matar.

—Se equivoca. El banco le dio a él la orden. El banco le dijo: o quitas de en medio a esa gente o te quedas sin empleo.

—Bueno, en el banco hay un presidente, están los que componen la junta directiva. Cargaré el peine del rifle e iré al banco.

El conductor arguyó:

—Un tipo me dijo que el banco recibe órdenes del este, del gobierno. Las órdenes eran: o consigues que la tierra rinda beneficios o tendrás que cerrar.

—Pero ¿hasta dónde llega? ¿A quién le podemos disparar? A este paso me muero antes de poder matar al que me está matando a mí de hambre.

—No sé. Quizá no hay nadie a quien disparar. A lo mejor no se trata en absoluto de hombres. Como usted ha dicho, puede que la propiedad tenga la culpa. Sea como sea, yo le he explicado cuáles son mis órdenes.

—Tengo que reflexionar—respondió el arrendatario—. Todos tenemos que reflexionar. Tiene que haber un modo de poner fin a esto. No es como una tormenta o un terremoto. Esto es algo malo hecho por los hombres y te juro que eso es algo que podemos cambiar.

El arrendatario se sentó a la puerta y el conductor hizo tronar el motor y arrancó, deshaciendo los senderos, las gradas peinando el suelo y los falos penetrando la tierra. El tractor atravesó el patio, dejó el suelo apelmazado por tantas pisadas convertido en un campo labrado y retrocedió cortando de nuevo la tierra; quedó sin arar un espacio de unos tres metros de ancho. Y vuelta a empezar. El guarda de hierro arremetió contra una esquina de la casa, hizo desmoronarse la pared y arrancó la casita de los cimientos haciendo que cayera de lado, aplastada como un insecto. Y el conductor llevaba gafas y se cubría la nariz y la boca con una máscara de goma. El tractor dibujó una línea recta mientras el aire y la tierra vibraban con su ruido atronador. El arrendatario lo contempló, sosteniendo en la mano el rifle. Su mujer estaba junto a él, los silenciosos niños detrás. Y todos ellos mantenían la vista fija en el tractor”.

Ensalada de boniato y aguacate con cebolla. Nina Maguid

Una sorpresa agradable porque resultó mejor aún de lo previsto

 

  • Pelar un boniato, cortarlo en cubos y cocinarlos en el microondas hasta que estén tiernos pero firmes.
  • Mientras tanto, cortar una cebolla pequeña en tiras finas, ponerlas en una ensaladera y rociarlas con vinagre de manzanas.
  • Retirar el boniato, añadirlo a la ensaladera, remover y dejar templar.
  • Añadir un aguacate cortado en cubos y mezclar todo con el aliño.Aliño: batir aceite, media (o una) cucharada de concentrado de tomate y dos cucharadas de nata vegetal.

El concentrado de tomate es una pasta densa que da muy buenos resultados en salsas y otras preparaciones. Suele venir en botecitos metálicos o, como este que os muestro, en tubos.

 




Bancs de llavors, rebosts de vida. 22-23 Novembre al Jardí Botànic

JORNADES DE PORTES OBERTES
Entrada i activitats gratuïtes al Jardí Botànic per la setmana de la ciència 

DIES: 22 – 23 NOVEMBRE 2014

Les llavors i els bancs de germoplasma seran els protagonistes de les jornades que celebrarà el Botànic el pròxim 22 i 23 de novembre amb motiu de la setmana europea de la ciència i dins del seu cicle d’activitats 2014 “El Valor de les llavors”. Un cap de setmana d’entrada gratuïta per a aprendre i gaudir de la ciència i les plantes a través de diferents activitats per a tots els públics.

Conferències, tallers, intercanvis de llavors, visites guiades, exposicions, concursos, projeccions i tallers per a aprendre de les llavors i de la importància dels bancs de germoplasma en la seua conservació. I és que aquestes xicotetes porcions de biodiversitat són essencials en el cicle de vida de les plantes, ja que contenen tota la informació genètica necessària per generar una nova planta adulta, tant ara com en un futur. Les llavors són l’essència del nostre treball, l’origen de les nostres plantes, dels nostres boscos i dels nostres ecosistemes, i per això les emmagatzemem als bancs de germoplasma com autèntics rebosts de natura.

Què és una llavor, com es forma, per a què serveix, la diversitat de formes que existeixen o com s’investiguen i es conserven, són algunes de les coses que explicarem a través d’activitats participatives i sobretot molt divertides amb el Banc del JBUV, on grans i menuts podran crear el seu propi minibanc de llavors, fer-se una careta de o aprendre jugant a la zona interactiva. A més, coneixerem de primera mà tots els secrets del funcionament d’un Jardí Botànic, de les seues col·leccions de plantes i del seu banc de llavors, amb visites guiades per les instal·lacions.

Altres institucions de referència com ara el Centre per a la Investigació i Experimentació Forestal (CIEF) de la Conselleria de Medi ambient, Vaersa, el Banc de Germoplasma del COMAV (UPV) o Llavors d’ací, també participaran d’aquest cap de setmana d’homenatge a les llavors, amb diferents xerrades divulgatives, un espai expositiu i una zona per a l’intercanvi de llavors. A més, hi haurà contacontes, un concurs fotogràfic mitjançant Instagram i dues projeccions: Lórax. En busca de la trúfula pérdida, per a un públic més familiar, i el documental La Voz del Viento, de Carlos Pons, un viatge increïble des de la provença francesa fins a Granada a la trobada de projectes socials alternatius amb les llavors com a fil conductor.

L’entrada serà gratuïta i les activitats tindran lloc en l’horari habitual del Jardí durant el mes de novembre, de 10 a 18h. I per a què pugueu dinar més còmodament, habilitarem un zona especial de picnic botànic, on podreu comprar-vos el menjar o delectar-vos amb el que hàgeu portat de casa.

Si vas apropar-te a la jornada, apunta’t al nostre esdeveniment en facebook. Així podrem planificar-lo tot molt millor. T’esperem!

PROGRAMA DE LES JORNADES

DISSABTE 22 NOVEMBRE

PLAÇA CARLES PAU
10.00 – 14.00H FIRA INFORMATIVA
10.30H INAUGURACIÓ EXPOSICIÓ ITINERANT: Projecte LIFE – Renaix el bosc, (Vaersa – Generalitat Valenciana). Romandrà al Jardí tot el cap de setmana

ESTUFA FREDA
11.00 – 12.30H CONFERÈNCIES
Açò no són llavors. Ana Ibars i Elena Estrelles, Banc de Llavors del JBUV
– La ciència de les llavors,  a càrrec M. José Díez Niclós, Banc de Germoplasma del COMAV-UPV
Conservar per a renàixer. Pablo Ferrer, CIEF + Activitat infantil de trasplant de planters
Llavors d’ara, llavors de sempre. Josep Roselló, Llavors d’Ací

JARDÍ EXTERIOR
12.30 – 14H INTERCANVI DE LLAVORS

ESTUFA FREDA
16.00 – 17.30H PROJECCIÓ DE DOCUMENTAL
La voz del viento, semillas de transición, de Carles Pons

DIUMENGE 23 NOVEMBRE

ESTUFA FREDA
10.00 – 14.00H TALLER FAMILIAR
Crea el teu minibanc de llavors, itinerari didàctic, jocs i racò de lectura amb el Banc de Germoplasma del JBUV

JARDÍ EXTERIOR + BANC DE LLAVORS
11.00H – 12.00H VISITA GUIADA + CONTACONTES. Primera sessió
12.00 – 13.00H VISITA GUIADA + CONTACONTES. Segona sessió

SALA DE SEMINARIS
16.00 – 17.30H PROJECCIÓ DE PEL·LÍCULA D’ANIMACIÓ
Lórax, en busca de la trúfula perdida

DURANT TOT EL CAP DE SETMANA

CONCURS D’INSTAGRAM
Amb premi a la foto més original feta al Botànic durant la jornada i en relació amb les llavors. Tan sols caldrà pujar a la xarxa les fotos amb el hashtag #valorllavors

BOOK CROSSING
Iniciativa promoguda per la biblioteca del Botànic amb llibres per a llegir disseminats per diferents parts del Jardí. Participa llegint-los i tornant-los a deixar en un altre lloc!

EXPOSICIONS
RENAIX EL BOSC: projecte LIFE, mostra itinerant del CIEF
REHOGAR 6: del col·lectiu Makea tu vida amb dissenys per a l’hàbitat fets amb residus. A l’Edifici antic
JARDINS: mostra de pintura d’Alicia Iglesias inspirada al propi Botànic