Monthly Archives: gener 2014

Las mujeres, sin tierra, alimentan al mundo

Una mujer de Tanzania vende su fruta en el distrito de Kiru. / J. Marcos mujer boliviana recolecta café ecológico en la provincia Santa Cruz. / J. Marcos

Una mujer de Tanzania vende su fruta en el distrito de Kiru. / J. Marco

‘Tembi’u rape’ es el programa de la televisión guaraní que muestra los ‘caminos de la cocina’ paraguaya. Conduce a la audiencia hacia unas formas de alimentación tradicionales cada vez más olvidadas. Enclavado en el corazón de América del Sur, entre potencias como Argentina y Brasil que han controlado su economía y por ende su producción y su alimentación, a través de la soja y la ganadería, Paraguay es un claro ejemplo de cómo el modelo productivo puede transformar el paradigma económico, ideológico y social de un Estado.

“Las estadísticas muestran que apenas el 2 por ciento de la tierra está en manos de campesinos, campesinas y comunidades indígenas. El resto está controlado por empresas del agronegocio o por grandes terratenientes que se dedican a la producción ganadera y de soja, o a algún tipo de grano que se rige bajo el mismo modelo: producción a gran escala, con semilla transgénica, con introducción de tecnología mecánica y uso intensivo de agrotóxicos. Todo ello trae aparejado la deforestación masiva de grandes extensiones de terreno, deterioro del medio ambiente, del suelo, desplazamiento forzoso de las comunidades. Y las que llevan la peor parte son las mujeres”, resume, como si fuera sencillo, la presentadora de ‘Tembiù Rape’ e integrante de la Coordinadora Nacional de Mujeres Rurales e Indígenas (Conamuri), Perla Álvarez.

Entre el 3 y el 20 por ciento de las personas propietarias de tierras son mujeres

‘Teko karu sâ’ÿ’. Así se dice en guaraní, lengua oficial de Paraguay hablada mayoritariamente en las zonas rurales, ‘soberanía alimentaria’, un concepto transversal en ‘Tembi’u rape’, que reivindica el papel de las campesinas y campesinos locales en la alimentación. “El tema está politizado y las decisiones se toman en el ámbito del Estado, a pesar de que que es una cuestión cotidiana para las mujeres, que siempre han sido las encargadas de la alimentación”, añade Álvarez.

La noción de soberanía alimentaria fue introducida por La Vía Campesina, un movimiento social que enhebra las luchas sociales del campesinado de gran cantidad de países. “Nos une el rechazo a las condiciones económicas y políticas que destruyen nuestras formas de sustento, nuestras comunidades, nuestras culturas y nuestro ambiente natural. Estamos llamados a crear una economía rural basada en el respeto a nosotros mismos y a la tierra, sobre la base de la soberanía alimentaria, y de un comercio justo”, expusieron en 1996 en México, durante su segunda conferencia internacional, cuando se habló por primera vez de este concepto.

Varias mujeres venden bananas en el mercado local de distrito tanzano de Mamba South. / J. Marcos

Varias mujeres venden bananas en el mercado local de distrito tanzano de Mamba South. / J. Marcos

Cosecha de maíz en la localidad de Babati, Tanzania. / J. Marcos

Cosecha de maíz en la localidad de Babati, Tanzania. / J. Marcos

La soberanía alimentaria, explican, es el “derecho de los pueblos a los alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica”. Es el derecho a decidir el propio sistema de alimentación y producción. Es colocar a quienes producen, distribuyen y consumen alimentos en el centro de los sistemas y de las políticas alimentarias, “por encima de las exigencias de los mercados y de las empresas”. Y las mujeres son los ejes esenciales cuando se habla de alimentación y de producción de alimentos. “Históricamente han sido quienes han protegido las semillas nativas, el principio de la vida,”, explica de manera didáctica y pausada Wendy Cruz, de La Vía Campesina de Honduras.

El argumento lo comparte Naciones Unidas, en boca de la directora ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuta: “Las mujeres, incluidas las indígenas, frecuentemente han custodiado la gestión y el uso sustentable de los recursos naturales y la preservación y conservación de los cultivos tradicionales y la biodiversidad para las generaciones actuales y futuras”.

Los datos de la desigualdad

Incluso los organismos multilaterales que apuestan por la seguridad alimentaria frente a la soberanía reconocen el papel de las mujeres en la alimentación, así como su discriminación y su desigualdad de oportunidades en el mundo agrario. “Si las mujeres de las zonas rurales tuvieran el mismo acceso a la tierra, a la tecnología, a los servicios financieros, a la educación y a los mercados que los hombres, la producción agrícola podría aumentar y el número de personas que padecen hambre se podría reducir entre 100 y 150 millones”, recoge el informe de la FAO ‘El estado mundial de la agricultura y la alimentación’, en su edición 2010-11.

La noción de soberanía alimentaria fue introducida por La Vía Campesina

Según la misma fuente, las mujeres de todo el mundo tienen menos acceso a la tierra que los hombres: los datos de los países calificados en desarrollo indican que  entre el 3 y el 20 por ciento de las personas propietarias de tierras son mujeres, mientras que en algunas zonas el porcentaje no llegan ni al uno por ciento. “La tierra y el territorio son un derecho humano del que pueden nacer las fuentes de desarrollo del pueblo. Quien no tiene tierra no tiene patria. Es el principal recurso de producción en el mundo”, apunta Wendy Cruz.

No poseen la propiedad de la tierra, pero sí son las mujeres quienes la trabajan mayoritariamente. En el Sur, la FAO reconoce que el 70 por ciento de la producción alimenticia es aportada por las mujeres. Un dato que se convierte en escalofriante si se tiene en cuenta que son más del 60 por ciento de ellas las que sufren hambre en el mundo. Sin olvidar que en algunos países la tradición dicta que coman las últimas o que durante una crisis son generalmente las primeras en sacrificar su consumo de alimentos con el fin de proteger la alimentación de sus familias.

Las mujeres tampoco tienen acceso al crédito agrícola, donde el porcentaje que las arropa no llega al 10 por ciento. Ellas cultivan y producen, mientras que las transacciones económicas están en manos masculinas. También la toma de decisiones.

La situación por países presenta matices, pero siempre con tonos de desigualdad y discriminación. “En Honduras hay dos millones de mujeres campesinas: 1,3 viven en pobreza y un 86 por ciento no tiene acceso a tierra. Están violentando el derecho de las mujeres a tener una vida digna, a seguir aportando al desarrollo y a garantizar la alimentación del pueblo”, subraya Wendy Cruz. “Cuidamos gallinas, plantas, personas… todo ese trabajo está invisibilizado y no remunerado”, añade.

El consumo también es un acto político íntimamente ligado a la soberanía alimentaria

‘Jaguerujey ñane retã rembi’u reko’ o lo que es lo mismo: “Recupera la cultura alimentaria de nuestro país”. La activista Perla Álvarez retrata a Paraguay, un país en el que el agronegocio y los transgénicos son el motor de la economía y donde sólo el 1,6 por ciento de los propietarios se reparten el 80 por ciento de la tierra agrícola y ganadera, según datos de Intermón Oxfam. “Las mujeres indígenas son las que llevan adelante la resistencia para mantener el territorio porque muchos de los líderes son comprados por los ganaderos o por los sojeros. Ellos alquilan la tierra pero las que llevan la peor parte son las mujeres, quienes saben qué valor y qué importancia tienen los territorios para la alimentación, pero también para la cultura, para la comunidad y para mantenerse como pueblo”.

Una mujer boliviana recolecta café ecológico en la provincia Santa Cruz. / J. Marcos

Una mujer boliviana recolecta café ecológico en la provincia Santa Cruz. / J. Marcos

En un contexto en que la producción de alimentos está cada vez en menos manos, es objeto de especulación económica y no entiende de mandiles ni de aliños, la voz de las mujeres es imprescindible porque la soberanía alimentaria “es anticapitalista y antipatriarcal”, sostiene Leticia Urretabizkaia, coautora del libro Las mujeres baserritarras: análisis y perspectivas de futuro desde la Soberanía Alimentaria, junto con Isabel de Gonzalo. “El asunto de la alimentación muchas veces ha pretendido ser un tema de decisiones masculinas, tanto en las familias como en las organizaciones,  porque quienes van a negociar con el Gobierno suelen ser los hombres”, añade por su parte Perla Álvarez.

Desde hace años, la tierra, y sus productos, son objeto de deseo de las grandes transnacionales y de los mercados financieros. “El capitalista neoliberal, siguiendo su lógica de acumulación, explotación y depredación, ha colocado la producción de alimentos en manos del mercado internacional, alejándola cada vez más de las necesidades e intereses de las personas y de prácticas sustentables de producción”, explica la técnica de Cooperación del eje de Género y Feminismo de Mundubat, Isabel de Gonzalo.

Los grupos de consumo como reto

‘Recuperamos tembi´u apoukapy kuera’. ‘Recuperamos recetas’. Perla Álvarez trata de mostrar las maneras tradicionales de la alimentación, explicar la importancia del consumo como un elemento emancipador. Somos lo que comemos. También cómo lo comemos. Lo hace en Paraguay, dónde el 25,5 por ciento de la población está malnutrida, mientras que los sectores de la agricultura y ganadería suponen el 28 por ciento del PIB.

El consumo también es un acto político íntimamente ligado a la soberanía alimentaria. En una sociedad en la que la identidad está cada vez más unida a los conceptos de ‘compra’ y de ‘gasto’ la transformación social no debe obviar esta parcela de la vida. Avanzar hacia la soberanía alimentaria es también hacerlo hacia los circuitos cortos de alimentación o grupos de consumo, “otra forma de llevar a la práctica la máxima de la economía feminista de poner la vida en el centro”, en palabras de la activista del grupo de decrecimiento Desazkundea Kristina Sáez.

El camino de los circuitos cortos de comercialización aún es largo. “Actualmente nos encontramos en la fase en que los grupos de consumo se están dando cuenta y empezando a reconocer la ausencia de la perspectiva de género”, apunta Urretabizkaia, quien trabaja en el diagnóstico para una cooperativa de producción y consumo de productos lácteos. Son muchos los colectivos que trabajan al respecto.

Nekasare es un grupo de consumo que nació en 2005 del sindicato ENHE-Bizkaia. Por aquel entonces la crisis económica era una pesadilla impensable y el porcentaje de mujeres rondaba el 70 por ciento de las personas productoras adscritas. La situación cambió totalmente con el aumento del desempleo: “Cuando la pareja se queda sin trabajo en la industria y la agricultura es la principal actividad económica se produce un absoluto desplazamiento de las mujeres”, explica Isa Álvarez, técnica de ENHE-Bizkaia y coordinadora de la red Nekasare. Hubo un cambio de roles y gran parte de las mujeres cedieron su espacio en lo público a sus parejas. Hoy, de 80 personas productoras, sólo 35 son mujeres.

Cuando la agricultura se convierte en el principal sustento económico ante la falta de otros ingresos, las mujeres son desplazadas, al menos del ámbito público. En el Norte y el Sur la invisibilización del trabajo de las mujeres en el campo es notoria, aunque sobre ellas recaiga la responsabilidad de alimentar al mundo, sin tierras, sin maquinaria y sin crédito. “Si hablamos de alimentación hablamos de la vida”, finaliza Perla Álvarez. Y de las mujeres. ‘Ha mba’e hembireko kuera’.

Font: http://www.pikaramagazine.com

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Trobada d’ Intercanvi de Llavors Tradicionals el 9 de febrer al Jardí Botànic de València

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CARDO CON SALSA DE ALMENDRAS. Esther Giraldo

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Esta receta es típica de Aragón. La semana pasada compré por primera vez cardo fresco a los chicos de Horts del Perigall.  Limpiarlo es un poco entretenido pero su sabor es increíble. MERECIÓ LA PENA!!!

Ingredientes:

  • Cardo
  • Ajos
  • Aceite de oliva
  • Almendras crudas molidas
  • Gambones (opcional)

    Limpiar, trocear y cocer el cardo. Cuando esté cocido escurrir conservando parte del caldo para hacer la salsa.

    Sofreir  con aceite de oliva unos ajitos laminados y retirar.  En el mismo aceite marcar los gambones y retirar. Echar en la sartén las almendras molidas (ojo que el fuego no esté muy alto) y darle un par de vueltas, echar el caldo que habíamos reservado de cocer el cardo (también podemos añadir caldo hecho con las cáscaras de los gambones). Mezclar bien, de forma que se haga una especie de bechamel con las almendras y el caldo. Después añadir los ajitos que habíamos sofrito, el cardo y los gambones. Dejar cocinar todo junto y LISTO!

Agricultura también en el desierto

A pesar de ser terrenos áridos y no fértiles a priori, los desiertos también pueden convertirse en nuevas tierras para el cultivo, y su aprovechamiento agrícola eficiente es una de las opciones más claras de la agricultura sostenible. Sólo hay que saber cómo hacerlo.

Hace algunas semanas conocíamos la noticia de que unos jóvenes investigadores chilenos habían decidido plantar diversas especies de cebollas en mitad de la Pampa del Tamarugal, una de las zonas más desérticas del país. La experiencia comenzó con la siembra de almácigos para la instalación de una parcela demostrativa, donde se probó el resultado de las dos variedades de cebolla, con tal de determinar la que mejor se adaptaba a las condiciones de aridez y salinidad del desierto.

Esta experiencia abre nuevos caminos a los agricultores de la zona, con una aridez que dificulta la apertura de nuevos mercados. La incorporación de cultivos estratégicos se está convirtiendo en una práctica cada vez más habitual para conocer qué tipo de productos pueden plantarse en cada zona de forma eficiente, teniendo en cuenta el suelo o la temperatura. Y en este caso concreto, como podemos ver, hablamos de incorporar cultivos también en los desiertos, lugares que parecen totalmente abocados a la infertilidad agrícola pero que, como se está demostrando, pueden convertirse en nuevos espacios de cultivo.

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¿Tan áridos como parecen?

Más de la mitad de las tierras cultivables del planeta son áridas o viven bajo la amenaza de la sequía. En los próximos años, podría ser incluso peor, el cambio climático provoca la reducción de las precipitaciones y el aumento de las temperaturas globales, por lo tanto, cada vez más parte de la tierra se convierte en desierto. La idea es sencilla, se trata de adaptarnos a las nuevas condiciones de nuestro planeta.

Pero evidentemente, tampoco se trata de una idea completamente nueva. La experiencia de pueblos antiguos que han vivido durante siglos en condiciones de aridez puede ser de gran ayuda en la actualidad. Por ejemplo, los indios nativos americanos en el Desierto de Sonora se basan desde hace siglos en un sistema natural de riego que aprovecha las inundaciones estacionales y las laderas para sus cultivos. En el Valle de Salt River, en Arizona, un sistema de canalización para riego creado hace unos quince siglos, sin el uso de metales o de la rueda, ha servido de modelo para los ingenieros actuales.

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En la actualidad, la agricultura en el desierto proporciona alimentos a millones de personas. En algunos países, de hecho, se trata del único suelo que pueden cultivar con ciertas garantías. Países como Somalia, Etiopía, Níger, Egipto, Israel o Chile ya miran hacia el desierto cuando hablan de agricultura. Millones de habitantes se alimentan con ella, pues la innovación en estas zonas del planeta va orientada precisamente a eso, a encontrar sistemas de cultivo que se basen en técnicas sencillas de especies autóctonas, una práctica que, a su vez, facilita la recuperación de espacios naturales.

¿Es ecológicamente sostenible? Por supuesto. Las ventajas ecológicas y sociales de aprovechar zonas desérticas para su uso agrícola son notables. En primer lugar, los suelos se vuelven más fértiles y se reduce la erosión en ellos, frenando así un problema ecológico que ha aumentado en los últimos años. Por otra parte, los efectos del calentamiento global son mitigados. Desde un punto de vista social y económico, las prácticas agrícolas en el desierto lo convierten en suministrador de alimentos y de ingresos económicos, lo que repercute sobre todo en las condiciones de vida de los más pobres. Todos estas ventajas, que pasan por una sostenibilidad veraz, permiten también que la población local vea futuro en su lugar de nacimiento, y se eviten así éxodos a grandes ciudades en las que la superpoblación hace que las condiciones de vida sean todavía más penosas.

Sekem, a la cabeza de la agricultura sostenible egipcia

En el año 1977 Ibrahim Abouleish, Premio Nobel Alternativo en el año 2003, fundó Sekem, una cooperativa egipcia al sur de El Cairo. Este negocio se planteó, según su fundador como “modelo del siglo XXI en el que están integrados el éxito empresarial y el desarrollo social y cultural de la sociedad a través de una economía de afecto”. Treinta y seis años después de su fundación, Sekem cuenta con un total de siete empresas que dan trabajo a casi 2.000 personas, y que han hecho de la agricultura biodinámica en el desierto su principal fuente de ingresos. Junto a los alimentos ecológicos, las empresas de Sekem producen productos para la salud y textiles, siempre bajo la premisa de los modelos de producción ecológicos.

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Entre las siete empresas que componen Sekem se encuentra la fitofarmacéutica Atos, que produce medicamentos naturales contra el cáncer, problemas de la circulación, enfermedades dermatológicas y reuma; la productora de alimentos ecológicos Isis, que elabora cereales, arroz, verduras, pasta, miel, mermelada, dátiles, especias, hierbas aromáticas, tés y zumos de frutas; la empresa de cultivo biodinámico Libra, que cultiva mediante procedimientos biodinámicos algodón y cereales; Lotus que recoge y procesa plantas aromáticas; Hator, que comercializa fruta fresca; Mizan que reproduce semillas de verduras y Conytex Nature, que fabrica ropa y textiles ecológicos. La investigación para todas las empresas se realiza en la Academia Sekem de artes y ciencias aplicadas. Con los beneficios de todas estas empresas se financian guarderías, centros educativos Waldorf y clínicas para los trabajadores de la zona, y en el año 2009 se puso en marcha una Universidad pública.

Pero Egipto no es el único país que ha hecho del desierto su principal productor agrícola. Israel, con un 60% de sus tierras de cultivo en zonas de desierto, ha demostrado que la aplicación de diversas técnicas innovadoras supone resultados sorprendentes y sostenibles para iniciativas tanto del Gobierno como privadas, lo que facilita la fusión de ambas. En el caso de Israel el principal objetivo ha sido obtener una forma eficiente para controlar y canalizar el agua. Así, gracias al trabajo y a la investigación, los recursos hídricos se obtienen de varias formas, gracias a un sistema de canalización desde el Mar de Galilea o del reciclaje de aguas grises de las zonas urbanas. Los agricultores israelíes han introducido especies adaptadas a estas condiciones extremas, como la jojoba, el cactus opuntia o varias especies de flores. El cultivo en invernaderos especiales proporciona diversos tipos de verduras, hierbas y flores para su exportación. En las zonas de dunas se cultivan cítricos o mangos con agua reciclada, y las zonas de colinas con escasas precipitaciones y muy erosionadas en el pasado se han recuperado mediante una intensiva reforestación.

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En el caso de Libia, por ejemplo, los esfuerzos se han centrado en los últimos años en establecer sistemas de riego eficaces. Libia, situado al norte de África, no se conoce precisamente por disponer de amplias cantidades de agua fresca, ni mucho menos de agua para su uso en aplicaciones agrícolas. Más bien al contrario, el acceso al agua es uno de los mayores problemas de la población local. Por eso, se ha involucrado durante años en los cultivos regados mediante sistemas mecanizados de pivotes centrales. Estos sistemas usan de manera eficiente la energía eléctrica, y se han diseñado para minimizar la pérdida de agua por evaporación, con emisores de riego por aspersión que distribuyen el agua desde la cabeza del pivot hasta el cañón final de cierre de cultivo, regando en círculos.

El agua que alimenta los cultivos se distribuye a través de las tuberías principales de acero que van montadas sobre los tramos. Éstos se mueven mediante ruedas en círculos concéntricos desde el punto pivotante hasta el alero. Con este método de riego mecanizado se desperdicia menos agua, y los cultivos comprendidos en ese círculo agrícola pueden recibir el máximo recurso hídrico disponible. Aunque las máquinas de riego Pivot se utilizan ya de manera habitual en muchos países, incluyendo la India y otras zonas desérticas de Estados Unidos, la forma como se usa para cultivar en Libia es única. En un país como éste, donde más del 95% del territorio lo compone el desierto del Sahara, este tipo de mecanización agrícola no es una inversión barata. Sólo es posible aprovechando los depósitos de agua fósil de los acuíferos subterráneos. Cada parcela circular tiene más o menos un kilómetro de diámetro, y en ellas se cultivan grano, frutas y verduras, y forrajes para el ganado.

Font: www.espores.org

Vídeo

10 Years of Failure, Farmers Deceived by GM Corn

The film entitled “10 Years of Failure, Farmers Deceived by GM corn” shows the dire situation of corn farmers in the Philippines who have adopted GM corn. Amidst protests from farmers, scientists, consumers and basic sectors, GM corn was commercialized in the Philippines in 2003. At present, there are about 8 varieties of single, stacked-trait and pyramided GM corn approved by the government for direct planting. It is now planted in about 685,317 hectares of agricultural land allotted for corn.

The film documentary is based on the study done by MASIPAG on the socio-economic impacts of GM corn on farmers’ lives and livelihood after more than 10 years of commercialization. In the film, GM corn farmers relate how they became indebted because of the rising cost of GM corn seeds and increasing cost and quantity of inputs being used. The film also shared the farmers account on the effect of GM corn farming such as emergence of new pests, soil erosion, corn contamination and human and animal health impacts. Farmers also shared the difficulty to go back to traditional or organic corn farming because of the loss of traditional seeds and practices replaced by GM corn farming and the effects of neighboring GM corn plantations. The film documentary covers the islands of Luzon, Visayas and Mindanao.

For more information on the study, please visit http://www.masipag.org.

Film produced by Magsasaka at Siyentipiko para sa Pag-unlad ng Agrikultura (MASIPAG) and KI Multimedia