Monthly Archives: Octubre 2013

La agricultura del Nilo

Escena de las labores del campo Escena de las labores del campo

La cultura egipcia nos fascina en todos sus aspectos, y también en el caso de la agricultura, donde parece que el cultivo giraba en torno a la magia de su gran símbolo, el río Nilo, cuyas crecidas hacian fértiles las tierras.

Los expertos dicen que hablar de la agricultura en el Antiguo Egipto es paradójico ya que mientras que los documentos de la época describen el oficio de agricultor como el peor de los trabajos manuales, los campesinos se extasiaban delante de esta tierra donde las plantas parecían crecer sin gran esfuerzo. La magia de la civilización egipcia está unida en gran parte al río Nilo, símbolo de la fertilidad que permitió el desarrollo de la tierra de los faraones.

EGIPTO1

Ribera del Nilo

El Nilo es el río más largo del mundo y su forma, como si se tratara de una predicción, es de flor de loto, algo que los antiguos relacionaban con la regeneración de la vida. Si en cualquier espacio y para cualquier cultura su río es uno de sus bienes más preciados, todavía lo es más en Egipto, una zona de clima extremadamente seco y de lluvias casi inexistentes, que tiene en este faraónico caudal su fuente de agua tanto para los cultivos como para las actividades ganaderas.

panoramica_nilo

Imagen satélite del valle fértil del río Nilo frente al desierto estéril de África noreste

La peculiaridad de la zona y la presencia de este gran río hizo que Egipto se adecuara perfectamente a los cambios estacionales que marcaban las crecidas del Nilo, y que comprendiera como ninguna otra cultura sus cambios y los aprovechara como método esencial de su producción agrícola. Por eso se dice que Egipto ha celebrado como nadie la relación entre la tierra y el agua.

La irrigación como método de subsistencia

Como dependían del río, los egipcios desarrollaron numerosas técnicas de irrigación para aprovechar el agua o desviarla cuando fuera necesario. Las crecidas del Nilo eran sorprendentes y, según los textos antiguos, aleatorias, así que podían alcanzar subidas de hasta ocho metros, aportando a las tierras próximas la humedad y el limo necesario para la agricultura.

cigoal

Así, para aprovechar el agua y llevarla lejos se construyeron canales y también el cigoñal, una máquina simple que a modo de palanca sirve para subir el agua desde el río o canal. Además utilizaron norias, unos dispositivos conformados por dos ruedas. La primera rueda, cuyo eje central reposaba en un muro, a la vez sujetaba en el otro lado un arnés y era movida por un animal. La otra rueda, parcialmente sumergida y provista de un cubo, se movía gracias a la primera rueda y arrojaba el agua en canales comunicados con cisternas.

EGIPTO3

En este sentido, destacan los trabajos realizados para regular la inundación, tratando de que las tierras obtuvieran el lodo y el humus justo para ser fértiles. Todo junto supuso importantes conocimientos astronómicos, de agrimensura, trigonometría, hidráulica y construcción, así como excepcionales capacidades para programar y organizar el trabajo a realizar en miles y miles de hectáreas. Pero los egipcios no sólo elaboraron instrumentos para trabajar el agua, su tecnología se centra también en otros instrumentos de labranza como la azada, el arado o la hoz.

Los cultivos en el antiguo Egipto

Hoy en día sigue siendo sorprendente como en unas tierras tan secas podía cultivarse tal cantidad de variedades de plantas, como por ejemplo los cereales. La avena, el trigo y la cebada se unían a otros ricos cultivos como el lino o la caña. El maíz se introdujo más tarde, al igual que el papiro, Cyperus papyrus, que sirvió como soporte de escritura pero del que también se podían fabricar otros objetos como cestas, sandalias, calzones, cuerdas e incluso embarcaciones.

EGIPTO4

También se cultivaban legumbres y hortalizas como lentejas, habas, cebollas o melones, y entre las frutas destacan los dátiles y los higos. Las flores fueron cultivadas con fines decorativos, farmacéuticos y cosméticos. Por último destaca en Egipto el auge de cierta cultura vinícola. Aunque no se puede determinar con certeza cuando la vid fue domesticada, se cultivaba ya en Egipto 3.500 años  a. C., como lo demuestran las copas de vino que se ofrecían a los dioses en un bajorrelieve descubierto en Tebas.

EGIPTO5

Existen representaciones en las tumbas de los faraones de las distintas etapas de elaboración del vino, desde la vendimia al prensado, pasando por el almacenamiento en recipientes y su transporte por el Nilo. Pero los egipcios eran todavía más aficionados a la cerveza, en parte porque se obtenía de la cebada, un cultivo muy extendido y abundante por lo que la hacía más barata y más popular. Según la leyenda la creación de la mezcla fue enseñada por el dios Osiris, símbolo de la agricultura con la protección de Isis, la diosa de la cebada. Ramsés II, conocido como el faraón cervecero, contribuyó notablemente a la implantación de la cerveza y la sostenibilidad de las fábricas.  Según los testimonios de la época, en Egipto había grandes maestros cerveceros capaces de realizar distintos tipos con sabores e intensidades variables y existía una en particular, más fuerte, elaborada en exclusiva para el faraón.

RAMSES_II

El oficio del agricultor

En el Antiguo Egipto los campesinos formaban la clase social más numerosa y también la peor vista. Las tierras solían pertenecer a comunidades religiosas o a terratenientes, y eran muy pocos los campesinos que las poseían en propiedad. Durante las épocas de sequía trabajaban en otras tareas, entre ellas la construcción de grandes templos, como las pirámides.

Los testimonios visuales y artísticos están llenos de representaciones de las tareas del campo, sobre todo la del ciclo de plantación y recogida del trigo, cultivo fundamental para la elaboración del pan. También son comunes las escenas de vendimia, y todas solían representarse en las tumbas para que sus propietarios pudieran sobrevivir en el más allá. En estas representaciones también aparecen algunos de los problemas que asediaban a los cultivos en Egipto, como las plagas de langostas o los hipopótamos que podían pisar los cultivos y estropear las cosechas.

trilla

A pesar de que los campesinos formaban la clase social inferior, lo cierto es que sin ellos la grandeza de Egipto hubiera estado seriamente amenazada. De hecho, la mitología habla de que algunos de los hombres más importantes de Egipto fueron agricultores, e incluso los primeros faraones eran labradores, Amenemhet I (1991-1962 a.C.) se gloria ante su hijo diciéndole: “Yo cultivé la tierra y veneré al dios de los trigales en todo el valle del Nilo. Nadie ha conocido el hambre o la sed durante mi reinado”.

La esencia de la ética egipcia y de sus pensamientos espirituales más elevados, contenidos en el mito de la muerte y la resurrección de Osiris, tiene su origen en el mundo agrícola. El mismo impulso que pone en movimiento el excepcional potencial intelectual de ese pueblo, se identifica con la causa principal de la fertilidad de los campos, es decir, con las crecidas anuales del Nilo. De ahí que se entienda la civilización egipcia como la madre del desarrollo técnico agrícola.

Font: www.espores.org

Anuncis

Paella de germanor als horts del Perigall

ImagenImagenImagenImagenImagenImagenImagenImagenImagen

Del camp a l’aula: menjar bo i just

Happy child on the sea with watermelon

“Nen, d’on ve la llet?”, li pregunten. “Del tetrabric”, respon. Quantes vegades deveu haver sentit aquesta anècdota. La distància entre el camp i el plat, entre la producció i el consum, no ha fet res més que augmentar en els darrers anys. I els més petits, sovint, mai han trepitjat un hort, ni han vist cap gallina ni s’han apropat a una vaca. Alimentar-se no consisteix tan sols a ingerir aliments, sinó a saber d’on vénen, què ens aporten, com han estat elaborats. Educar implica, també, ensenyar a menjar i a menjar bé. I això, precisament, és el que fan els menjadors escolars ecològics que últimament comencen a aparèixer a casa nostra.

L’interès per menjar bé, bo i just arriba, a poc a poc, a les taules de les escoles. Menjadors que busquen, més enllà de les calories que fan falta, una alimentació ecològica i de proximitat. Es tracta d’aprofitar uns espais que permeten, com cap altre, que alumnes, educadors, cuiners i, en un segon terme, famílies, professors i pagesos interaccionin, per recuperar no només el saber i el sabor dels aliments, sinó, també, per aprendre i valorar la feina que hi ha darrere la producció –la pagesia–, i darrere els fogons –la cuina.

Els menjadors escolars ecològics tenen un vessant educatiu i nutricional, a la vegada que defensen l’economia social i solidària i el territori. Aliments ecològics sí, però de proximitat. Una aposta imprescindible en un context de crisi que, d’una banda, dóna una sortida econòmica a la petita pagesia, que intenta viure dignament del camp, ja que fomenta uns circuits de comercialització alternatius i una venda directa, i de l’altra, ofereix una alimentació sana, saludable i ecològica als més petits, en un context d’augment de la pobresa i la malnutrició.

A Catalunya, un 40% dels infants fan l’àpat principal del dia, el dinar, als centres educatius. Incorporar aquests valors als menjadors de les escoles hauria de ser una prioritat, i els costos econòmics no poden ser l’argument per no fer-ho. Integrar la cuina als menjadors dels centres permet controlar més bé l’alimentació dels menuts, i si comprem aliments de proximitat, de temporada i directament al pagès podem fins i tot abaratir costos. Del camp, passant pels fogons de les escoles, fins al plat de l’alumne, transparència, qualitat i justícia; aquest és el repte. I l’administració pública hauria d’estar compromesa amb aquest fi: invertir en una bona alimentació a l’aula és invertir en futur.

Menjadors escolars que porten els principis de la sobirania alimentària a les escoles, i no només de manera teòrica, sinó, encara més important, a la pràctica. Sobirania alimentària, que ens permet recuperar la capacitat de decidir què mengem, que aposta per una agricultura pagesa, local i agroecològica i que retorna a pagesos i a consumidors –i en aquest cas als infants– el control i el saber sobre la seva alimentació.

Article escrit per:

esther vivas-150Esther Vivas, periodista i investigadora en polítiques agrícoles i alimentàries.

@esthervivas | facebook.com/esthervivas | www.esthervivas.com

Vídeo

Hope in a Changing Climate

http://eempc.org/

¿Agricultura industrial para alimentar al mundo?

agricultura industrial_veoverdecom

El sistema alimentario mundial actual, basado en la agricultura de tipo industrial, tiene consecuencias nefastas sobre el medio ambiente y la salud de las personas. Este sistema se basa en el monocultivo de grandes extensiones de terreno, utiliza modos de producción altamente mecanizados, a menudo usa semillas transgénicas y elevadas cantidades de fertilizantes sintéticos y pesticidas. Se presentan como la agricultura “científica”, frente a los modos tradicionales de producción de alimentos. Este tipo de agricultura ha logrado imponerse, pese a sus negativos impactos, utilizando una idea: la agricultura industrial es capaz de producir más alimentos para dar de comer a la creciente población mundial. Pero, ¿es esto cierto?

No, esta afirmación es falsa. A decir verdad, sucede todo lo contrario: no tiene la capacidad para alimentar al mundo, y es especialmente evidente  ahora –cuando casi 1.000 millones de personas padecen hambre crónica−, aunque no se trata tanto por un problema de producción, sino de distribución. Aunque la agricultura industrial sí ha aumentado la productividad por hectárea ha sido a costa de perder productos secundarios importantes, como la paja, y de disminuir la diversidad de productos; esto se produce a costa de un balance energético negativo y un agotamiento de los recursos. Además, hay varios estudios que plantean que la agricultura ecológica moderna es tan productiva como la industrial. Tampoco en el largo plazo la agricultura industrial puede alimentar al mundo porque su uso intensivo de insumos externos y los residuos que genera la hace totalmente insostenible. El planeta no puede aguantar sus modos de producir comida o su expansión indefinida.

El primer hecho que conviene dejar claro es que la agricultura industrial es uno de los principales motores del cambio climático. Su modo productivo hace un uso intensivo de combustibles fósiles a lo largo de sus procesos mecanizados y utiliza de forma intensiva enormes cantidades de productos petroquímicos. Además, produce en cualquier rincón del planeta alimentos, piensos o agrocombustibles con destino al mercado mundial, por lo que sus productos recorren cientos y miles de kilómetros antes de llegar a su destino, y lo hacen utilizando medios de transporte movidos  −mayoritariamente, aunque una pequeña parte también son agrocombustibles− por derivados del petróleo. Como es sabido, las reservas mundiales de petróleo se están agotando rápidamente y estamos alcanzando lo que los expertos denominan el “pico del petróleo”, [1] es decir, la era del petróleo barato que ha sostenido el actual sistema alimentario (y el sistema económico en general) llega a su fin.  Igualmente, las industrias procesadoras y de distribución de alimentos −tan empaquetados− contribuyen también al cambio climático con sus emisiones.  No es de extrañar que la agricultura industrial genere, al menos, el 30% de las emisiones de los gases de efecto invernadero, y el sistema agroalimentario en su conjunto podría aportar hasta el 50% de las emisiones que provocan el cambio climático. [2] Pero además, el uso intensivo de agroquímicos y su  forma de producción –monocultivos que reducen la biodiversidad, semillas modificadas, fertilizantes sintéticos y plaguicidas químicos− agota los nutrientes de los suelos y la capacidad de estos para capturar y absorber carbono.

agricultura industrial y cambio climatico

Fuente: Informe Stern. Tomado de Jornadas de Ecologistas en Acción sobre Agrocombustibles, marzo 2013.

Igualmente, el cambio climático incide especialmente en la agricultura reduciendo el rendimiento. Con aumentos pequeños de temperatura de 1-2ºC en las latitudes altas se espera un aumento en la productividad de las cosechas, mientras en las bajas disminuyen las cosechas. Con aumentos mayores de las temperaturas habría una disminución generalizada en las cosechas. Se prevé que por cada grado de aumento de las temperaturas, la cosecha de arroz disminuye en un 10%; en los países de África subsahariana pueden registrar una reducción de sus cosechas para 2080 que oscila entre el 20 y el 30% (llegando al 50% en Sudán y Senegal). [3]

LOS MALES DEL SISTEMA ALIMENTARIO - BLOG

Fuente: Lo que nuestra nevera esconde, Global Express, nº 19, marzo 2013.

Por otra parte, los residuos de los agroquímicos acaban en los ríos y fuentes de agua, lo que perjudica la salud de las personas y de los animales que beben el agua contaminada, y causa numerosas enfermedades e incluso la muerte. También causa la eutrofización [4] de lagos y mares, donde ya no es posible la vida. La dependencia de fertilizantes y plaguicidas no naturales hace estos cultivos muy poco resistentes a las plagas pero también a los vaivenes del clima, que previsiblemente se intensificarán en los próximos años a medida que el cambio climático se manifieste más intensamente. [5] Así que difícilmente se pueda confiar en estas cosechas para alimentar a la población del planeta.

eutrofización

Además, este modelo de agricultura hace un uso irracional de los recursos, y especialmente de un bien tan preciado como el agua, sin tener en cuenta la capacidad y especificidad de los suelos, cultivando, por ejemplo fresas en las tierras arenosas de Huelva o pepinos en la desértica Almería. Allá en donde se instala emplea el mismo modo de producir, da igual que se trate de la selva amazónica, la sabana africana o las estribaciones del Sahara. ¿Sabías que para producir un litro de etanol (una forma de agrocombustible) a partir de maíz se necesitan entre 1.200 y 3.400 litros de agua? La caña de azúcar también precisa mucha agua.

El modelo de agricultura industrial está gestionado por grandes corporaciones, que prosperan apoyadas por gobiernos y agencias internacionales, y cuyas actividades les generan grandes beneficios monetarios, eso sí, a costa de la naturaleza y de nuestra salud. Estas corporaciones representan enormes embudos y emplean prácticas oligárquicas: solo tres compañías controlan el comercio mundial de semillas, y tan solo cinco empresas distribuyen el 75% de los alimentos que llenan los estantes de las tiendas y supermercados españoles. [6] La sobreproducción es otra de sus características. Sus productos, cultivados a menudo bajo plástico y conservados en cámaras frigoríficas durante semanas, ni siquiera saben a lo que tendrían que saber: los tomates no saben a tomate; es más, apenas saben a nada. La agricultura agroindustrial forma parte de un sistema alimentario imperante en los países ricos que es hipercarnívoro, hipercalórico, que demanda todos los productos sean o no de temporada y que además fomenta la obesidad. Y después de todos esos costes, un tercio de la comida acaba en la basura…

Por ello, es necesario y urgente cambiar este sistema alimentario.

¿Hay alternativas?

¡Sí!

La agroecología, un enfoque integral basado en la agricultura de pequeña escala, que utiliza fertilizantes naturales y semillas mejoradas por los/as campesinos/as a lo largo del tiempo. Los cultivos se seleccionan en relación a las características del entorno y utiliza los recursos –como el agua− de forma sostenible; además, dirige sus productos, sobre todo,  a los mercados locales, con poco o ningún envase.

La agroecología se guía por una visión a largo plazo al tiempo que valora los saberes tradicionales. Plantea «una ética ecológica y social encaminada a una nueva relación de la sociedad con la naturaleza a partir de sistemas productivos socialmente justos». [7]

Si el modelo de agricultura industrial acelera el cambio climático, la agroecología no solo no lo acelera, sino que lo ralentiza al posibilitar y potenciar la captura y fijación de carbono en el suelo. [8]

En este cuadro se recogen algunas diferencias entre agricultura industrial y la agroecología.

agroecologia_agricultura-industrial

Fuente: M. Altieri y V.M. Toledo, 2011. Modificado de Rosset et al. (2011) y ETC (2009)

Font: http://tiempodeactuar.es/